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Brigitte volvió a nacer con la música del Pacífico

“Cuando yo nací, en mi tierra tumaqueña, escuchaba el bombo, qué bonito suena, cuando fui creciendo, como buena negra, oigo la marimba, qué bonito suena”, canta Brigitte y hace homenaje a la música del Pacífico.

Esos saberes se los aprendí a la más grande que ha dado el mundo que fue mi abuela Paula y a mis tíos que eran los que prendían la rumba en el pueblo

María Elvira Solís Segura tenía 12 años cuando se subió a un avión a escondidas de todo Tumaco y llegó hasta Bogotá a trabajar en casas de familia. Desde entonces, soportó maltrato, exclusión, puñaladas, golpes, consumió drogas, padeció un cáncer que casi la mata y después, como consecuencia de “esa mala vida”, perdió a la única hija que tuvo. Cansada de sufrir, empezó a resistir a tanta violencia.

Brigitte, como es conocida María Elvira, nació hace 56 años en la vereda San José de Guayabo del río Mexicano, a dos horas y media, en lancha, de la cabecera municipal de Tumaco. Allí creció con su abuela, en medio de juegos tradicionales, velorios, alabaos, chigualos, fiestas religiosas y arrullos. Aprendió de sus mayores a cantarle a los santos, a la vida y a la muerte. Tiene un vozarrón que entona los cantos del Pacífico y que se escucha a metros de distancia. Es una artista de la juga, el bunde y el currulao y también del teatro.

Llegar a la Casa Cultural El Chontaduro, una organización que propicia espacios culturales y académicos para que las mujeres negras víctimas de violencias puedan resistir a este fenómeno, fue un aliciente para María Elvira, en este lugar pudo hacer resiliencia con esos cantos tradicionales que aprendió de su abuela, 40 años atrás. “Cuando llego a la Casa Cultural El Chontaduro recuerdo otra vez y retomo mi historia, retomo otra vez la música del Pacífico y me acuerdo cuando mi abuela me llevaba a los velorios a cantar. Entonces, traje otra vez a mi memoria”.

Hay cosas que tienen que pasar para poder sobrevivir. Yo nunca pensé que soñar, cuando tenía la edad de ocho años, cayendo en un abismo era el abismo de las drogas. Pero también salía con los frutos, con los bacados en la mano y esos son los frutos que hoy en día, el Señor me ha regalado


La entrevista

¿Cómo llegó al mundo de las drogas?

En Buenaventura conocí el mundo rebelde, el profundo hueco de las drogas, eso fue lo peor que me ha pasado en la historia de mi vida. Yo empecé a subir a los barcos, se llamaba el Coraín 2 y en ese barco conocí a un chico, comenzaron a fumar marihuana y yo como no sabía de eso, entonces él me dijo: vas a fumar y yo le dije: claro que sí. eso me cayó tan mal que la odio. Luego, me preparó un maduro, basuco con marihuana, eso me siguió cayendo mal y después hizo un pistolo y ya era basuco con cigarrillo y eso fue, ahí me quedé casi 30 años de mi vida fumando basuco.

¿Cómo murió Andreína, su hija?

Yo tuve mi hija en el 93, pero como yo andaba en mi calle, yo no hice control y en la hora del parto la niña venía de pie y yo en vez de ir para el hospital la tuve con partera, pero ninguna de esas parteras sabían en qué posición venía la nena y eso yo no podía parir. Entonces, una de las parteras, la mamá del que me pudo sacar, ella dijo: vayan a llamarme a Nicolás porque esta muchacha está mal. Nicolás me puso la mano en la cabeza, no sé, nosotros tenemos nuestras cosas, nuestras costumbres, nuestros secretos y ahí pudo nacer la niña y ahí fue cuando vi que la niña nació con un pie montado en el hombro, o sea, que la niña se ahogó en la hora del parto.

¿En qué momento descubre que tiene cáncer?

Cuando yo parí a mi hija no me dio así como a las mujeres que les sale toda esa purga, todas esas cosas, yo quedé con un estomaguísimo. Tomaba hierbas, pero no me bajaba la barriga y bueno, pasó tiempo, como mi niña se me murió yo seguí en la misma consumiendo. Finalizando el 2006 vine a Cali y me dijeron que porqué tenía esa barriga tan grande, ya me daban hemorragias. Yo me acostaba a dormir y me levantaba la cabeza llenecita de sangre, la cama llena de sangre, entonces yo dije: yo debo tener algo. Y me vine a Cali, me hicieron una citología y en la citología me salio el cáncer y después del cáncer eso me hicieron quimio, me hicieron braquiterapia, me hicieron radioterapia y terminé el 19 de noviembre del 2007.

Pero usted en medio de estas dos situaciones vivió otra historia, manchada con violencia física y verbal ¿Cómo fueron esos años al lado de Francisco?

Viví 12 años con él, ese hombre que me maltrató, que se aprovechó de mí por verme sola. Me pegaba, me sacaba desnuda a la calle, se me orinaba encima, me violaba, eso fue la peor experiencia que he vivido en toda la historia de mi vida. Fue terrible, uno vivir con una persona así y también como él era consumidor, eso era un corto circuito, eso era una violencia horrible entre nosotros.

¿Por qué soportó tantos años a su lado?

Fue la última vez que me violó, que me sacó a la calle desnuda, que me arrastró en la calle y me daba golpes y me apuñalaba y dije que era la última vez que él abusaba de mí y que me maltrataba. Él creyó que eso era mentira, que yo iba a volver con él, entonces yo me arrodillé y dije esta es la última vez que ese tipo me violenta, jamás volverá nadie a abusar de mí. Hoy en día, a veces me lo encuentro porque él sigue en ese mundo de esas drogas, por allá en ese mundo bajo de Santa Elena. Viví muchos episodios fuertes con él. Hasta que por fin, llegó un momento que no más porque todo tiene su límite y todo tiene su tiempo vivido. 

Brigitte vivió una tragedia tras otra. La muerte de su abuela, luego la de su hija y después vivir “12 años de esclavitud” que no solo la degradaron, sino que también hicieron que perdiera muchas cosas que nunca pudo recuperar. Para ella, todo lo que le sucedió fue debida a las drogas, haber llegado a ese mundo fue lo peor, “caer ahí no es fácil porque hay personas que caen en ese mundo y se pierden para la eternidad. Habemos otras personas que sobrevivimos, pero son muy pocos los que sobreviven en ese mundo. Uno pierde todo, pierdes tu familia, la sociedad te rechaza, todo el mundo te deja a tu suerte y eres lo peor de la humanidad. Todo el mundo lo deshumaniza a uno”.

¿Cuál fue su pérdida más grande?

perder a mi hija porque ella yo la desee tener, yo no podía parir, no podía quedar embarazada y alguien me preparó una botella para poder tener hijo y eso fue lo más grande perder a mi hija. ese fue mi regalo que Dios me dio, pero yo no lo supe conservar porque, imagínate que andar en la calle embarazada, consumiendo drogas, trago, todo eso yo creo que también me ayudó a que mi muchacha no se me criará. También perder a mi abuela, aunque uno no ha nacido para semilla.

Aunque ya no está a su lado, ¿qué significa su abuela para usted?

Ella fue la que me crió y todo y para mí ha sido… mejor dicho que aún después de muerta me habla, me abraza, me hace recordar que yo hago parte de sus raíces. Y mi abuela, cuando yo andaba así en la calle, creo que ella era la que me daba bendiciones para que no me pasaran tantas cosas porque mi abuela, yo siempre mantenía como en mi mente siempre el espíritu de ella me cuidaba y siempre andaba conmigo. Y todavía la recuerdo, yo siempre en mis conversatorios, en mis cosas, mi abuela siempre sale a relucir porque ella me crió y ella me enseñó muchas cosas.

¿Cuál es ese momento en que dice: ya no más, esto no lo quiero para mi vida y lo voy a cambiar?

Cuando llegué aquí a Cali también seguí consumiendo, me dio cáncer y yo todavía vivía en el mundo de las drogas. Tomé la decisión cuando ya me hicieron todo el procedimiento del cáncer y mi familia me empezó a apoyar, quería rectificar mi error que había cometido con las drogas, que me había perdido en ese mundo, entonces cuando me recupero de las drogas y del cáncer, Dios me dio una segunda oportunidad y yo dije: esta segunda oportunidad la tengo que aprovechar al máximo, entonces me empecé a querer. Completé los 30 años de mi vida consumiendo drogas, trago hasta que por fin me pude zafar de él. Hoy en día ya no hago parte de ese gremio, ya hago parte del gremio de la cultura.


Brigitte acostumbraba a visitar la Cinta María Eugenia, un sector ubicado en el distrito de Aguablanca que era reconocido por ser el lugar de encuentro de los consumidores de droga. Ahí conoció a Yisela Mina, quien en varias ocasiones la invitó a asistir a los encuentros que se hacían en El Chontaduro. Esta nueva amiga veía en Brigitte una mujer grande, que podía salir adelante con todos los saberes que aprendió de su abuela en el río Mexicano. 

“Ella todos los días me decía -afirma Brigitte- que fuera y yo no iba. Un día agarré y me fui pa´ El Chontaduro. Ahí por fin nos encontramos con Yisela, me quedé todo el santo día allá con ella acompañándola porque Yisela todavía trabaja allá en el chonta (El Chontaduro). Yo me fui para mi casa y cuando me volví a ver con Yisela, Yisela me dice: mira, Reina Bejarano te mandó a llamar, que cuándo vas a ir, que si querés hacer parte de `escritoras y lectoras´. Y yo le dije: no, yo no sé ni leer ni escribir, yo ¿qué voy a hacer allá”.


¿Entonces no fue?

Pues sí, fui, hice parte del grupo de `escritoras y lectoras´. Era un grupo mixto, habían mayoras, habían niñas y niños, jóvenes y muchachas. Reina Bejarano se fue, las muchachas no quisieron volver más y el grupo se acabó. Entonces hicimos un grupo de mujeres de diferentes edades, todo el mundo se fue y nos quedamos nosotros y ahora somos como 20 mujeres ya. Ahí estamos con el grupo de mujeres donde construímos paz, amor, hermandad, donde lloramos, reímos. 

Estando allá en El Chontaduro y en el grupo de mujeres ¿qué encontró, pudo cambiar su vida?

Dije, tengo que transformar, entonces cuando llego a la Casa Cultural El Chontaduro yo vi que no solamente viví esa historia, la hemos vivido muchísimas mujeres y la seguimos viviendo muchísimas mujeres esa historia. Y esas mujeres me acogieron como persona que valgo, yo sentía que toda la gente me quería y me apoyaba.


Vicenta Moreno es la directora de El Chontaduro, cuenta que cuando Brigitte “llegó al Chonta (El Chontaduro), vimos en ella a una persona con muchas potencialidades y dijimos: bueno, como las mujeres están viviendo realidades como la que experimentó Elvira, ¿por qué no hacemos fuerza y trabajamos desde esas situaciones? Entonces nos dimos cuenta que mucho de lo que ella vivió, era consecuencia de toda esa discriminación sistemática que nos ha afectado”

Ella se ha transformado muchísimo y es un cambio que, desde luego, ha aportado mucho a esa transformación de paz que promovemos a través de nuestros procesos. La transformación para la paz es muy compleja porque, primero, debe entender toda esa gran cantidad de historias de violencia que han tenido que vivir muchas personas y eso provoca que no se sientan parte de esta sociedad.

Cuenta Vicenta Moreno

¿Qué significa El Chontaduro para usted?

Yo amo a El Chontaduro porque me ha enseñado a volar y me ha brindado las herramientas que tengo ahora para pararme en un escenario, para pararme en cualquier lugar del mundo, El Chontaduro para mí es lo mejor que me ha pasado en la vida. Es maravilloso haber caído en esa familia de la Casa Cultural El Chontaduro y todo eso me hizo cambiar, encontrar ese calor humano, esa hermandad, esas energías positivas, esas voces y hoy en día soy como un ejemplo de vida y la gente dice: wow, a mí me encanta lo que tú haces, me encantan tus canciones, me encanta como estás ahora, entonces todo el mundo me motivó a cambiar mi vida, a transformar y creo que soy un ejemplo de vida para transformar otras vidas también.

¿El Chontaduro tuvo algo que ver con que usted volviera a poner en práctica esos cantos, esa tradición del Pacífico?

El Chontaduro tuvo mucho que ver con recordar mi tradición. Cuando llego a El Chontaduro recuerdo mi historia, ahí fue donde volví a escuchar la música del Pacífico, la danza, la poesía, la décima, entonces El Chontaduro fue la base donde volví otra vez a activarme con la música del Pacífico, con mis creencias, con todas mis cosas. Volví a recordar las tradiciones, los cantos de los muertos, los cantos de los arrullos, de los chigualos.

Y el grupo de mujeres, ¿también se acabó o sigue?

Aún hago parte del grupo de Mujeres, ahora estamos en la escuela sociopolítica para mujeres. El Chontaduro es un espacio de transformación de vidas, de seres humanos, he sacado mi voz porque yo era una mujer sin voz, yo llegué sin voz a El Chonta (El Chontaduro) y ahora soy una mujer que mi voz ha levantado a otras mujeres, ha ido a otros espacios, entonces también he hecho parte del teatro La Máscara.


Brigitte es una artista integral, no solo canta, también actúa. Su primera experiencia en el teatro fue una obra que presentó en El Chontaduro y que era dirigida a los adultos mayores. Ahí descubrieron su fuerza teatral y, luego, en un proyecto de la casa cultural, la Unión Europea y el teatro La Máscara fue incluída para recibir formación actoral. Luego, fue seleccionada para interpretar un personaje en Horizonta, una obra con la que han “viajado a muchos países, la llevamos a México, a Ecuador, a varias partes de aquí de Colombia y también a Europa, entonces desde ahí nació el amor por la actuación, por el teatro. Haciendo monólogos, haciendo sociodramas, performance”, cuenta Brigitte y agrega que otro paso que dio en esta profesión, que ha desempeñado empíricamente, fue participar en la película Los Hongos, del director caleño, Óscar Ruiz Navia.


Entiendo que sus personajes siempre son artísticos y que interpreta canciones cuando actúa, ¿cómo involucran la música del Pacífico en las obras?

Depende de la historia que nosotros abordemos, por ejemplo, en el teatro La Máscara me invitaron a hacer una obra que se llama “Contando y cantando tradiciones”, donde se enfoca mucho la música del Pacífico porque es con las creencias. En cualquier escenario que me invitan a hacer una obra de teatro, siempre que dicen: ay, metámosle música aquí. Yo le meto la música del Pacífico y si puedo hacer una canción que tenga que ver con mi historia yo la hago y esa es la que transmito ahí en el personaje.

¿Qué recuerda del río Mexicano?

Todito el santo día me bañaba en el río Mexicano, me encantaba bañarme en el río Mexicano. Ahí disfruté toma mi infancia, mi abuela ahí me enseñó todo lo que era del campo, las tradiciones. Nosotros jugábamos a la lleva, a las escondidas, jugábamos a la chuspa de aire. Me encantaba ir a camaronear, yo cangrejeaba desde niña, pianguaba, porque nos encantaba ir al manglar. Nos íbamos a cambiar mazamorra, casabe, banano chileno, manzano por pescado a la bocana de Trujillo y allá mi abuela cambiaba comida por pescado, por jaiba. Mi abuela nos enseñaba a mi hermana y a mí a hacer el casabe, a hacer todas esas cosas y las íbamos cambiar.

¿Cuál es la importancia de esa tradición del Pacífico?

Es nuestra herencia, es nuestro legado ancestral que nos dejaron nuestros ancestros por sus luchas y logros que ellos tuvieron, entonces es muy importante para nosotros, la gente negra del Pacífico. Los cantos, por ejemplo, con una sola frase se puede cantar y arrullar, ha sido la resistencia de muchas naciones del mundo, para poder sobrevivir a semejantes oprobios, a semejante segregación que hemos vivido la gente negra.

¿Cómo construyen comunidad con esta música y, en general, con los saberes del Pacífico?

En nuestros pueblos hemos vivido como hermanos, felices, yo me acuerdo que nuestros viejos, en noches de luna, bajábamos a la pampa para enseñarnos toda esa oralidad, para compartir y también eran las mingas, el trueque para compartir entre nosotros. En nuestros pueblos uno no se moría de hambre porque el que no tenía el plátano, tenía el pescado, tenía la leña, teníamos todo. Era el amor verdadero entre las comunidades, todo eso nos lo inculcaban, que haya esa resistencia y esa re-existencia entre todos, construir juntos, cantar juntos, bañar juntos.

¿A quién le aprendió esos saberes, esa manera de interpretar la música del Pacífico, de vivirla?

Esos saberes se los aprendí a la más grande que ha dado el mundo que fue mi abuela Paula y a mis tíos que eran los que prendían la rumba en el pueblo, ellos eran los que formaban los corrinches, como se dice hoy en día, en ese tiempo eran las fiestas familiares con guitarra, con bombo, con cununo, con maracas. Mis saberes, mis cantos me han llevado más allá, llevar mi voz a otros países, a otras tierras. Por eso en el pueblo cuando alguien tiene la enseñanza o la tradición de celebrar la fiesta de algún santo, entonces eso se vuelve como una herencia, yo la aprendí y también se la enseño a mi nieta, se la enseño a mis hijos, se la enseño a mis bisnietos.

Usted vivió 12 años en el río Mexicano, 30 años en las drogas, 12 años con un hombre que la maltrato de todas las formas posibles y hace 12 años, podríamos decir que volvió a nacer ¿Qué piensa de todo eso hoy que es una persona que se ha transformado?

Hay cosas que tienen que pasar para poder sobrevivir. Yo nunca pensé que soñar, cuando tenía la edad de ocho años, cayendo en un abismo era el abismo de las drogas. Pero también salía con los frutos, con los bacados en la mano y esos son los frutos que hoy en día, el Señor me ha regalado, que son mis viajes, que es ahora ser parte de la cultura, estar en muchos lugares que jamás pensé estar y lo que yo hago ahora, me parece que esos son los logros que yo he tenido en la historia de María Elvira Solís Segura.

Yo llegué sin voz a El Chonta (El Chontaduro) y ahora soy una mujer que mi voz ha levantado a otras mujeres, ha ido a otros espacios

María Elvira Solís
Esta entrada tiene 2 comentarios
    1. Qué historia más bella y motivadora. Esa es la realidad de muchas mujeres que deben enfrentar todo tipo de violencias, pero siempre habrá eso que nos de la resiliencia para seguir adelante.

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