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Gusano, el mejor canoero del río Tutunendo

En Chocó hay un sitio de fantasía al que se llega a través de un hombre de carne y hueso. Historia del guía con más experiencia, pero con menos disponibilidad

Gusano llega a Sal de Frutas, amarra su canoa y junto a los turistas camina unos 100 metros subiendo y bajando una pequeña loma para llegar hasta el paraíso natural 

Desde hace 56 años, Ramón Macario, conocido en Tutunendo como ‘Gusano’, lleva turistas a la cascada Sal de Frutas, llamada así por el efecto efervescente que se genera por la caída del agua sobre las rocas. Un mágico lugar que alberga una piscina y un tobogán natural. Para conocerlo, solo basta con ir hasta el corregimiento de Tutunendo, ubicado a 30 minutos (en carro) de Quibdó, la capital de Chocó.

«Desde los cinco añitos estaba yo palanqueando con mi papá y hoy tengo 61, claro que no me he dedicado solo a esto, pero aquí hay una buena experiencia. En esta tierra, con esta palanca, a mí me respetan mucho”, cuenta ‘Gusano’.

En medio de este paisaje lleno de árboles a cada lado del río Tutunendo (que significa río de aromas en la lengua Emberá) se escucha la naturaleza: chicharras, brisa y ese tranquilizante sonido de las aguas que bajan desde quebradas como Motordó y Santa Anita.


«Desde los cinco añitos estaba yo palanqueando con mi papá y hoy tengo 60 (…) aquí hay una buena experiencia. En esta tierra, con esta palanca, a mí me respetan mucho»

Ramón Macario (Gusano)

Esta es la canoa en la que Gusano lleva a los turistas hasta la cascada Sal de Frutas

Lo único diferente a ese sonido de naturaleza del Pacífico que se logra escuchar, es la voz de Gusano contando anécdotas de su vida y la de su familia y los golpes de la palanca con la que impulsa su canoa.

Siete mil pesos cobra ‘Gusano’ a cada persona por el viaje hasta Sal de Frutas, cada trayecto dura alrededor de 15 minutos y en un día como el domingo, que es cuando llegan más turistas a visitar Tutunendo, el mejor canoero de este río alcanza a hacer hasta diez viajes. Ese es su sustento, de ahí le alcanza para sostener a su familia y hasta para darle gustos a su novia que vive en el río Quito.

Tiene ocho hijos, seis con su primera esposa y dos más con la última que tuvo, de quien se separó hace un poco menos de tres años. Vive con ella, bajo el mismo techo, pero no en la misma cama y su novia parece no tener ningún problema con eso.


«Yo lo aprendí de mi papá, se lo transmití a mis hijos y esto no para”. 

Gusano

Ser canoero es algo que por generaciones ha hecho la familia de ‘Gusano’, a todos sus hijos les enseñó a dominar la palanca, el menor de sus herederos tiene 16 años y es muy bueno en el oficio. “Cuando estoy ocupado, a veces, le digo a mi hijo mayor que vive conmigo: coja y vaya haga este viajecito y cualquier plata que se haga es para usted”, cuenta ‘Gusano’.

También dice que es importante dejar ese legado en sus hijos para que no se pierda y agrega que tiene un nieto que, con solo diez años, coge su canoa, una palanca y sube y baja por el río Tutunendo, al mejor estilo de su abuelo, aunque con unos cincuenta años menos de experiencia. «Realmente es muy bueno enseñarle a los hijos porque yo lo aprendí de mi papá, se lo transmití a mis hijos y esto no para”, afirma.

‘Gusano’ y su familia seguirán cogiendo palanca y canoa para llevar a muchos turistas hasta la cascada Sal de Frutas para que respiren la tranquilidad de este lugar que en los años 70 fue una hidroeléctrica, hoy en ruinas, pero que enamora con su aroma, su sonido y su textura.

Publicado inicialmente en el sitio web de Semana Rural.

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